¿El principio del fin?
Cuando la potencia de un modelo obliga a comunicarlo al gobierno antes de lanzarlo, algo cambia en el acceso a la IA
Quizás me equivoco, pero parece que estamos viendo el principio del final de la IA como tecnología universalmente accesible.
Intento explicarme.
Hace unos meses, Anthropic anunció la existencia de Mythos Preview, un modelo que, según ellos, había alcanzado un nivel de capacidad de programación en el que puede superar a todos salvo a los humanos más habilidosos a la hora de encontrar y explotar vulnerabilidades de software. Es decir: capacidades tan potentes que preferían no sacarlo al uso público.
La continuación fue el proyecto Glasswing, un consorcio de grandes compañías (norteamericanas, por supuesto: Amazon, Apple, Google, Microsoft, NVIDIA, JPMorgan, Cisco, entre otras) que tuvieron acceso a este modelo para escanear sus propios sistemas, evaluar su potencia real, el impacto sobre ciberseguridad y hasta qué punto sus capacidades podían contenerse con sistemas de guardarraíles.
Más tarde, en junio, Anthropic lanzó la versión “comercial” de Mythos (la que llaman Fable 5), explicando que para ciertas tareas sus capacidades se ven automáticamente reducidas, y así evitar ciertos riesgos con esta potencia en manos de millones de personas. Con algunas idas y venidas, incluyendo comunicados cruzados con la Casa Blanca y una suspensión temporal por controles de exportación del Departamento de Comercio, Fable acabó accesible para los usuarios de Anthropic, pero bajo unas condiciones de capacidad que nada tienen que ver con los modelos anteriores (Haiku, Sonnet, Opus): hay tareas (como algunas de código o ciberseguridad) que el sistema desvía automáticamente a un modelo menos potente.
Y el caso de Anthropic no ha sido una anécdota. Hace unas semanas, OpenAI anunciaba nuevos modelos más avanzados (GPT-5.6 Sol, Terra y Luna) en formato de limited preview y solo para un pequeño grupo de socios de confianza cuya participación se ha comunicado al Gobierno, antes de un lanzamiento más amplio.
¿Qué nos dicen estas noticias? Varias cosas.
De entrada, que la brutal potencia de los nuevos modelos limita la capacidad de estas compañías de sacar nuevas versiones sin comunicarlo antes a las autoridades (norteamericanas, de nuevo). Es un cambio de paradigma: esto empieza a parecerse cada vez más a cómo funcionan las tecnologías de uso dual, aquellas que tienen aplicación civil y militar a la vez. No es posible el desarrollo al margen de los gobiernos, las capacidades que se desarrollan tienen que comunicarse previamente, y no se puede abrir la tecnología al mercado sin pasar por el filtro gubernamental.
Y aquí aparece un segundo punto que me inquieta especialmente: si el filtro es gubernamental estadounidense, ¿dónde queda Europa o América Latina? En este esquema, las empresas y los gobiernos de estos territorios accederían a las capacidades punteras con retraso, degradadas y bajo condiciones decididas por la Casa Blanca: consumidores de segunda fila de una tecnología crítica que no controlan.
Como decía al arrancar: puede que me equivoque, pero da la sensación de que se está cerrando la etapa en que cualquiera, en cualquier lugar, podía acceder al último modelo el mismo día de su lanzamiento.
Si esto es cierto, hay que tenerlo en cuenta desde varios ángulos. El geopolítico, claro. Pero también el de mercado: ¿cuál será la valoración de estas compañías cuando salgan a bolsa, si lo hacen desde esta perspectiva de tecnología tutelada? Y el corporativo: ¿cómo debe actuar mi organización en la adopción de la IA, si esta se convierte en una tecnología con estos ritmos de salida al mercado y estas limitaciones regulatorias?
Soy consciente que mi argumentación tiene puntos débiles. El más importante: los modelos abiertos, de los que ya hablé hace un par de meses. Si se mantiene una distancia de unos 12 meses entre los modelos punteros y los abiertos, un control gubernamental sobre la publicación de nuevos modelos comerciales no resuelve el problema. En un año podríamos tener modelos abiertos (la mayoría desarrollados en China) con capacidades “tipo Mythos”.

Y un modelo abierto, por definición, no pasa por ningún filtro: se descarga, se copia y se ejecuta sin pedir permiso a nadie. La propia Anthropic lo admite: en 6 a 12 meses esperamos que muchas otras compañías de IA tengan modelos de clase Mythos, y podrían lanzarlos sin las salvaguardas que evitan el mal uso.
Por tanto, sospecho lo que decía al principio, pero honestamente no estoy 100% seguro.
Pero hay una cosa que sí es cierta: estamos viendo en directo el final de una cierta manera de desarrollar y abrir al mercado esta tecnología. Aunque habrá que esperar para saber cómo se reordena el tablero: quién queda dentro del club de los que acceden primero, quién queda fuera, y si el mundo abierto acaba imponiendo su propio ritmo por encima de cualquier filtro gubernamental.
PS: hay algunos precedentes históricos que nos indican posibles caminos. Por ejemplo, la criptografía fuerte estuvo clasificada durante años como “munición” bajo la normativa de exportación de armas de EE.UU., hasta que a finales de los 90 la presión del software abierto y la propia realidad del mercado hicieron insostenible ese control. El paralelismo no es perfecto, pero la pregunta de fondo es la misma: ¿puede un gobierno tutelar durante mucho tiempo una tecnología que, en el fondo, son unos pesos que caben en un disco duro?



Yo flipo con que Europa vaya a caer de nuevo en el mismo error. Delegar si defensa en un tercero y no desarrollar soluciones de manera independiente. Y esto toca muchos más puntos que la simple defensa física de unas fronteras. Otra vez llegaremos tarde.
El Ejército es por definición una organización opaca. En el caso del estadounidense, es un campo de pruebas y asimilación de tecnologías altamente capacitadas que, en muchos casos, superan a las civiles. Es más, el uso civil de alguna de estas tecnologías llega después de haberse introducido, probado y confirmado en el ámbito militar. Este modus operandi funciona de forma sigilosa, más bien al estilo ‘top secret’, pero no de ahora, si no, yo diría, de toda la vida. El que pensemos que se está modificando el procedimiento en la medida que el Gobierno de EEUU, que es el que manda en el Ejército, decida sobre los lanzamientos de nuevos hitos tecnológicos, concediendo o no los permisos necesarios, podría (estoy de acuerdo) cambiar aparentemente los protocolos instaurados hasta ahora, basados en la libertad plena del mercado. Pero es probable que, lo que en estos momentos nos parece un cambio sustantivo en relación a los protagonismos a la hora de decidir sobre la tecnología, haya sido algo que de hecho haya funcionado de esa forma, debido al sigilo/mutismo con el que procede el Ejército, no lo dudemos, bajo la égida del Gobierno.