No lo sé
Tres palabras honestas sobre lo que sabemos del futuro del empleo en la era de la IA
Hay una pregunta recurrente en todas las charlas y entrevistas: ¿cómo afectará la IA al mercado laboral? ¿Se crearán nuevos puestos de trabajo para compensar los que se destruirán? ¿Tenemos que preocuparnos por mantener nuestro contrato social?
Hace un año quizás respondía de manera bastante rotunda. Hace ya meses que prefiero ser prudente: “no lo sé”.
Y añado siempre: es una buena idea poner en duda a quienes dan una respuesta rotunda.
La cuestión de fondo es obvia: la automatización masiva que la IA promete en muchos campos destruirá masivamente puestos de trabajo. Igual que han hecho todas las nuevas tecnologías a lo largo de la historia, desde la revolución industrial hasta épocas más recientes. No hay dudas sobre esto.
Pero la pregunta es si creará suficientes de nuevos como para compensar la destrucción (como también ha pasado siempre antes), o si esta vez será distinto.
Líderes del mundo de la IA como Sam Altman han sido muy rotundos al predecir grandes hecatombes laborales, provocadas por la IA. En una entrevista hace menos de un año, hacía afirmaciones de este tipo:
“I think it’s totally true that some classes of jobs will totally go away”
“There are classes of jobs that are going to totally go away and there will be many classes of jobs that change significantly and there’ll be the new things”
Pero ahora resulta que las cosas no son tan simples.
Llevamos meses oyendo como empresas despiden a miles de personas “por la IA”, como bancos de inversión anticipan grandes disrupciones laborales en distintos sectores, como estudios de instituciones de prestigio predicen la destrucción de millones de puestos de trabajo…
Pero poco a poco van emergiendo otras opiniones, alrededor de una idea fundamental: la adopción real de esta tecnología por parte de las empresas, a escala masiva y más allá de proyectos piloto, no es tan fácil como parecía.
El caso emblemático es la fintech sueca Klarna, que en 2022 despidió a 700 trabajadores (en su mayoría de atención al cliente) para sustituirlos por IA, presumiendo públicamente de los buenos resultados. Meses después tuvo que dar marcha atrás y volver a contratar humanos: la calidad del servicio se resentía y los clientes querían poder hablar con una persona. Su CEO, Sebastian Siemiatkowski, lo reconoció sin rodeos: quizás habían ido demasiado lejos en la dirección equivocada.
No es un caso aislado (IBM, Duolingo y otras transitaron caminos parecidos), hasta el punto de que ya hay análisis publicados sobre millones de despidos en empresas norteamericanas, que detecta cómo una parte de esos trabajadores está siendo recontratada.
Y ahora ha sido el propio Sam Altman quien se ha sumado a esta opinión, admitiendo que se equivocó: pensaba que a estas alturas la IA habría eliminado muchos más empleos de nivel inicial de los que realmente ha eliminado. En concreto, sus palabras han sido:
“My scorecard, at the highest level, would be we’ve been roughly right on technological predictions and pretty wrong on the social and economic implications (…) I’m delighted to be wrong about this”
Estos cambios, en los datos y en las opiniones, me hacen ser más prudente que nunca. Las potencialidades son tremendas y obvias, pero también empiezan a serlo las dificultades para aterrizar las cosas.
Por esto mismo prefiero ser prudente. Más vale un “no lo sé” honesto que una certeza rotunda que el tiempo se encargará de desmentir.
P.S. La pregunta que me ronda y para la que tampoco tengo respuesta: ¿cuánto de esta marcha atrás es porque la IA todavía no llega a las capacidades que necesitaríamos? No sé si lo que vemos es temporal, a la espera de IA más potentes, o los límites en la adopción estarán siempre ahí.


Con todos estos cambios sucediendo, la realidad es muy compleja. Y estoy contigo en que debemos tener honestidad intelectual y decir esas tres palabras.
Hoy mismo, John Burn-Murdoch tiene un artículo en el FT sobre el caso del desempleo en los jóvenes, indicando que quizás no sea la IA la única responsable sino que el auge del trabajo remoto tenga parte de culpa. Link al artículo:
https://giftarticle.ft.com/giftarticle/actions/redeem/4565c231-d79b-4793-b09a-9d96eed89f92
Es un tema muy complejo como estáis comentando. Gracias Francisco por compartir este artículo también muy interesante del FT. Hace unas semanas hablaba con el hijo de un amigo que estudia en la UCL en Londres (termina ahora sus estudios) y me comentaba que a su generación les estaba costando más acceder al mercado laboral y a esas primeras oportunidades que a las generaciones anteriores. Algo de todo lo que estáis comentando está ahí presente.
Algo en lo que creo es que estas herramientas van quizás a hacer más independientes a ciertos profesionales que van a poder crear proyectos de una manera mucho más sencilla, incluso probarlos antes y tirarlos a la basura sin tantos miedos. Si esto se aplica a la empresa creo que los juniors se verían reforzados por tener un nuevo ayudante en el camino. Todo esto requiere lógicamente de un acompañamiento, un aprendizaje... y la pregunta es si los seniors están preparados (yo creo que sí) y dispuestos a esto. ¿Y lo entenderán las compañías?